Cultura
 

  Memorias de un Pueblo
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Costumbres en las fiestas

    Empezaré con las Navidades. El día de Noche Buena, después de cenar lo extraordinario que la gente podía, se iba a la Misa del Gallo, donde las mozas cantaban el ramo y los niños recitaban villancicos, siendo así una misa alegre que a todos gustaba. Cuando la misa terminaba, afuera en el Sagrado, alguno de los antepasados solía mirar de dónde soplaba el viento y de esta forma sabían como se iba a comportar el año.
    Ya en el día de Navidad, los cantores recorrían el pueblo catando villancicos y recogiendo el aguinaldo para hacer su función por la noche (ésta función viene descrita en otro apartado). Después de esto, las campanas llamaban a la gente a misa, a la que solía ir alguna menos por causa de que la noche se les había quedado corta. Por lo tanto, a la noche tanto mozos y mozas como niños y niñas tenían su fiesta.

    Así se llegaba al día de Año Nuevo, ya que la Noche Vieja no se acostumbraba a celebrar. Este día era muy similar al de Navidad, con misa y juerga sobre todo para la gente joven, llegando así el día de Reyes, con más misa y más fiesta para la juventud.

    El Domingo Gordo los niños solían correr el carnaval. Este día por la noche cada uno sacaba sus campanillos y tocándolos recorrían varias veces las calles del pueblo, haciendo de esta forma gran algarabía. Aunque en mi infancia estaba prohibido disfrazarse se hacía, pasándolo así a lo grande.

    El Día de Ceniza era día de ayuno y abstinencia, se iba a misa y el cura te ponía la ceniza en la frente. Totalmente prohibido comer carne, igual que en toda la cuaresma, a no ser que se tuviera bula.

    En Semana Santa no se podían tocar las campanas porque se estaba de luto, y los santos en el Altar se tapaban hasta el día de Pascua, o de Resurrección, día en que resucita Jesús. En estos días, en el rosario de la noche se hacían las tinieblas, que consistía en apagar las luces de la Iglesia, y con carracas, vígaros y otros instrumentos se producía el mayor estruendo posible durante un tiempo de unos diez minutos. En la noche del sábado después de las doce ya se tocaban las campanas, pues era el día de la Alborada. Ya en el día de Pascua, la misa era con procesión alrededor de la Iglesia, a no ser la Virgen, que esperaba en el pórtico tapada con el manto. Cuando la procesión asomaba encabezada por el pendón y el Santísimo, llegaba el momento de quitar el manto a la Virgen para el encuentro con su hijo.

    Durante la primavera se hacían rogativas para bendecir los campos, con procesión por los caminos y con repique de campanas hasta volver a la Iglesia. Estas misas y procesiones se hacían en Corpus, la Ascensión, San Pelayo y San Martín.

    Durante el mes de mayo el altar se llenaba de flores que las niñas y las mozas le ofrecían a la Virgen. Otro día que se guardaba culto, era el día de San Antonio, trece de Junio, para que nos guardara el ganado. Los días de fiesta, incluidos los domingos, nunca se uñían las parejas y se trabajaba poco. De ésta forma, la fiesta la respetaban mejor los ganados que las personas.

    En el día de San Juan se hacía el Bollo de Caldera para los pastores de las vacas. El Bollo consistía en tortas de trigo, que se hacían con harina de trigo y agua hirviendo, se cocían en el horno, y una vez cocidos se partían en trozos que se echaban en la manteca ya derretida, dándole varias vueltas, y ya listo para comer.

    El día de Nuestra Señora se solía festejar, más que nada, porque se había terminado de recoger la hierba. También había fiesta el día de San Pedro, en el que tenían baile los casados, aunque los mozos también asistían. Entre las fechas de todas estas fiestas había además otras misas, rosarios, viacrucis y otros cultos.



Autor: Modesto González Oveja.
 


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