Cultura
 

  Memorias de un Pueblo
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Cuando el tiempo estaba malo

    El mayor castigo que podía haber era cuando llegaba el mal tiempo y había que ir con el ganado: vacas, cabras, ovejas,.. Con las ovejas yo solía ir para Peñas Solanas o Tejedo. En Tejedo se solían echar por las Foces, que son desde los Fontanales hasta debajo del prado de Colomán, por debajo del camino.

    Las cabras, para donde más se llevaban era para Peñas Solanas. Se solían arrimar en los Conforcones, y por ahí hasta dar vista a la Turria, volviendo por los Llanos de la Encina para bajar por el Calambrón; pero cuando había nieve se llevaban por el camino de los Praicinos hasta las Canalechas, y de vuelta para casa.

    Los pastores si no se arrecían era porque estaban acostumbrados. Éste oficio se solía practicar casi todos los días, si no era con las cabras o las ovejas era con las vacas. Para protegerse de la lluvia o la nieve, se tapaban con una manta, que en algunos casos no asomaba el agua por la Turria y ya estaba mojada. El calzado no era mucho mejor, eran madreñas y escarpines, que en algunas ocasiones solían tener polaina, vamos que estaban rotos. Algunas veces para proteger las piernas se usaban guacharas. Éstas eran pieles de cordero peladas, que se envolvían a las piernas para protegerlas del agua y del frío.

    Las cabras y las ovejas algunas veces parían, y era el pastor el que tenía que encargarse de recoger el cabrito o el cordero, y tener cuidado de que no se muriera. Así, si nacían por la mañana, todo el día tenía el pastor que cargar con esta cría, y claro, este tenía suerte si nada más era una. Sobre todo las cabras, eran peores de guardar cuando había bellota, entonces no hacían más que marchar cada una por donde le pareciera, así que cuando llegabas a casa casi siempre tenías que volver a buscar alguna al monte.

    Si no tenías que salir con el ganado y el tiempo no permitía hacer otra cosa, entonces era llevadero, porque se aprovechaba el tiempo para herrar alguna madreña, ponerle alguna chapa para tapar algún agujero, ponerle algún arco si estaba rajada; se partía leña, se mesaba la hierba, se hacían manizas, y se clavaba alguna tabla en el cubil de los cerdos, porque como no solían andar muy hartos revolvían a Roma con San Pedro. Para que estuvieran quietos y no hozaran se les ponía una alambre en el morro. Se barrían las cuadras, se cebaban las vacas, se echaban al agua, y como todavía sobraba tiempo se iba a charlar por la calle o a la fragua, pues como había mucha gente siempre se encontraba con quién pasar el rato. Y claro está, no olvidarse de acudir a comer, pues yo creo que era el mejor trabajo que se hacía durante el día.



Autor: Modesto González Oveja.
 


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