Estos molinos se componían de
las siguientes piezas: el canal por donde venía el agua;
el rodesno, a donde llegaba el agua del canal y le hacía
girar; el árbol, palo que incrustado en el rodesno
servía para hacer de eje y mover la piedra. En este palo
por la parte de abajo llevaba un punto, que solía
ser de bronce o de acero, y que apoyaba en la rangua.
Esta solía ser del mismo material que el punto, e iba
apoyada en otro palo colocado debajo del rodesno horizontal
que al mismo tiempo que servía de apoyo al rodesno. También
servía para, a través del torno, subir o bajar
la piedra para moler más fino o más grueso. En
el pico del árbol llevaba un eje que pasaba a través
de la piedra de abajo, para mover la de arriba. En este eje
iba el puente de leva o ina, encajado en una mortaja
que la piedra superior llevaba haciéndole girar. La piedra
de abajo iba sobre dos vigas que apoyadas horizontales en las
paredes laterales de la casa, servían al mismo tiempo
para apoyar la moxega mediante una armadura de madera.
En la piedra de abajo había un agujero redondo donde
se colocaba un trozo de madera que era por donde pasaba el eje.
Este palo, si no quedaba bien justo, se le metían unas
cuñas para que no pasara por allí el grano, cayendo
al río. A esto se le llamaba pinar el molino.
El barandal era la armadura
donde apoyaba la moxega, que era donde se echaba el grano
para que, a través de la canalecha y movido
por la tarabica, al rozar contra la piedra superior
caía a través de un agujero que esta piedra
tenía y entraba para entre las piedras, y la de arriba
al girar lo iba arrastrando produciendo así la harina.
La canalecha llevaba un pino atravesado donde iba la tarabica
que solía ser de piorno, pues es madera dura y se gastaba
menos. Del pino de la canalecha también iba una tabla
que pasaba por una ranura en el pico de la moxega, servía
para que cayera más grano o menos, subiendo o bajando
a través de esta tabla la Canalecha y así tocando
más o menos la Tarabica en la piedra.
El cajón era donde caía
la harina que la piedra al girar iba echando. De este cajón
se cogía con una paleta de madera y se echaba el fuelle.
El fuelle era de piel de cabra o de oveja; y cuando el molino
no aguantaba a moler solía ser por que estaba enxostrado.
Esto era una pasta que cuando el grano estaba blando iba criando
en las piedras. Para quitar esta pasta había que picarlo;
se hacía con un martillo muy punteado, se levantaba
la piedra de arriba y se picaban con mucho cuidado, tanto
una piedra como la otra.
Todas estas piezas iban dentro de una caseta con un piso
que separaba el rodesno de lo otro. Claro está, estos
molinos se hacían donde había agua que los moviera,
cerca de los ríos.
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