Cultura
 

  Memorias de un Pueblo
 Anterior     Volver     Siguiente 

El molino rastrero

    Estos molinos se componían de las siguientes piezas: el canal por donde venía el agua; el rodesno, a donde llegaba el agua del canal y le hacía girar; el árbol, palo que incrustado en el rodesno servía para hacer de eje y mover la piedra. En este palo por la parte de abajo llevaba un punto, que solía ser de bronce o de acero, y que apoyaba en la rangua. Esta solía ser del mismo material que el punto, e iba apoyada en otro palo colocado debajo del rodesno horizontal que al mismo tiempo que servía de apoyo al rodesno. También servía para, a través del torno, subir o bajar la piedra para moler más fino o más grueso. En el pico del árbol llevaba un eje que pasaba a través de la piedra de abajo, para mover la de arriba. En este eje iba el puente de leva o ina, encajado en una mortaja que la piedra superior llevaba haciéndole girar. La piedra de abajo iba sobre dos vigas que apoyadas horizontales en las paredes laterales de la casa, servían al mismo tiempo para apoyar la moxega mediante una armadura de madera. En la piedra de abajo había un agujero redondo donde se colocaba un trozo de madera que era por donde pasaba el eje. Este palo, si no quedaba bien justo, se le metían unas cuñas para que no pasara por allí el grano, cayendo al río. A esto se le llamaba pinar el molino.

    El barandal era la armadura donde apoyaba la moxega, que era donde se echaba el grano para que, a través de la canalecha y movido por la tarabica, al rozar contra la piedra superior caía a través de un agujero que esta piedra tenía y entraba para entre las piedras, y la de arriba al girar lo iba arrastrando produciendo así la harina. La canalecha llevaba un pino atravesado donde iba la tarabica que solía ser de piorno, pues es madera dura y se gastaba menos. Del pino de la canalecha también iba una tabla que pasaba por una ranura en el pico de la moxega, servía para que cayera más grano o menos, subiendo o bajando a través de esta tabla la Canalecha y así tocando más o menos la Tarabica en la piedra.

    El cajón era donde caía la harina que la piedra al girar iba echando. De este cajón se cogía con una paleta de madera y se echaba el fuelle. El fuelle era de piel de cabra o de oveja; y cuando el molino no aguantaba a moler solía ser por que estaba enxostrado. Esto era una pasta que cuando el grano estaba blando iba criando en las piedras. Para quitar esta pasta había que picarlo; se hacía con un martillo muy punteado, se levantaba la piedra de arriba y se picaban con mucho cuidado, tanto una piedra como la otra.

    Todas estas piezas iban dentro de una caseta con un piso que separaba el rodesno de lo otro. Claro está, estos molinos se hacían donde había agua que los moviera, cerca de los ríos.



Autor: Modesto González Oveja.
 


© Copyright 2001 [SALIENTES]. Reservados todos los derechos.