Cultura
 

  Memorias de un Pueblo
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La cocina de los antepasados

    Lo que más se solía cocinar era el caldo, de berzas, de arbejas, de alubias, de lentejas, de castañas, de fréjoles, de garbanzos, simplemente de patatas...; eso sí, estos caldos iban acompañados de tocino, chorizo, de morcilla, costilla de vaca o de cerdo, o de botillo.

    Los cachelos también a menudo estaban presentes a la hora de comer, las miajas de leche, bien de vaca o de cabra, la tortilla de patatas o de chorizo, las patatas con bacalao y arroz, los fisuelos, el bollo de caldera, las migas, las sopas de pan o de fideos... Las papas eran de trigo o de maíz, se hacían con manteca y también con vino. La manteca, el queso y los huevos se cocinaban de varias maneras: cocidos, fritos, en tortilla con vino, y en todos los postres.
    De los postres, los más típicos de este pueblo eran el mazapán, la cuajada con miel o azúcar y manteca, la ensalada de lechuga, y la fruta, que solía ser la que se daba en los alrededores del propio pueblo: cerezas, nisos, miruédanos, artimoras, moras, arándanos, zaramuegos, borrachinas y alguna manzana o pera.

    El pescado era lo que menos se cocinaba a no ser alguna trucha. Otros platos más festivos eran la caldereta, la fritada, la chanfaina, hígado encebollado, gallo con arroz y gallina en caldos para las recién paridas... Cuando se amasaba era típico hacer el bollo preñado, con tocino, chorizo y algún huevo.

    Los hábitos eran primero desayunar, luego tomar las diez, comer, merendar y cenar. Cuando la gente podía, alguna de estas comidas las acompañaban con vino, pero casi siempre con agua. Cuando algún niño se ponía enfermo le solían dar chocolate. El café era muy típico, con leche o solo, aunque con leche de cabra estaba mejor.
    Cuando el Sol llegaba a la Peña Merendera (o Peña de la Zorra) era la hora de la merienda, y cuando la Peña de Valdeiglesia empezaba a hacer sombra era la hora de comer, mediodía..

    Cuando se iba de merienda con las vacas, con las cabras, con las ovejas o a trabajar a las tierras o a prados, el morral, que así se le llamaba y que solía ser de tela de maón, de dril, de piel de cordero, de caki o de cuero curtido; no tenia mayor importancia del material que fuera, lo importante era que estuviera bien lleno.

    Normalmente se solía cocinar en cazos de mango largo, que se ponían encima de las estrebedes, que su vez estaban encima de la lumbre. Ésta se hacía en el suelo o en la chariega, que así le llamaban. El pote era de tres patas, y se colgaba de la pregancia. Y en esta lumbre estaban los murillos, que servían para apoyar la leña, para que ésta ardiera mejor.
    Los cacharros normalmente eran cazuelas de barro, barreñas, tanques de hojalata, barriles (hoy botijos), potes, garfillas, cazos, canadas, ollas, algún plato de porcelana, calderos, marmitas, calderas, cucharas de hierro y de madera, tenedores, cafeteras, copas, vasos, jarras, y poco más...

    Y después de haber comido, con el estómago lleno, había ganas de cantar canciones, canciones como: "el día de los torneos", "pasé por la morería", "o redondo ya no es redondo", "las escobas de la cuesta, todas las menea el aire", "dónde vas a por agua", "Gerineldo", "dónde vas a dar agua mozo a los bueyes", "la luna cuando sale", "el vino en un vaso", "carretera de Avilés", "al pasar por el puerto", "cuatro esquinas tiene Cádiz"; y muchas canciones más...



Autor: Modesto González Oveja.
 


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