Cultura
 

  Memorias de un Pueblo
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La primavera

    Al llegar la primavera tanto las personas como las plantas cobran nueva vida, empiezan las labores del campo, se echan los ganados al monte, florecen las flores, cantan los pájaros que ya volvieron de la emigración... De estos hay varias clases, cuando canta el cuco es que la primavera está avanzada, y se siembran las patatas y el trigo. Se decía que “..por San Isidro siembra tu trigo, ni en el arca ni nacido..”. Por esta fecha se sienten las campanillas de las vacas al tiempo que pastan, los toros reburdian y mugen, los vaqueros entonan sus cánticos, más que nada para no aburrirse; se cavan piornos para hacer fuego en el invierno, se arrancan gamones para los cerdos, se echa el agua a los prados... En primavera todo es alegría, hasta parece que el cuerpo pesa menos para subir a las cumbres de las montañas...

    En cuanto a las flores todas son muy bonitas, las primeras que salen son las de San José, llamadas entre nosotros pan y queso. Les siguen los espinos, que luego producen los ablunos, y a partir de ahí ya florecen todas: las escobas, las amapolas, los cerezos, perales, manzanos, carqueisas, urces, gamonitas, sanguños, piornos, arándanos, moras, ciruelos y tantas otras que yo no recuerdo el nombre pero que son infinitas; y entre todas hacen un jardín inmenso.. ¡A quién no le apetece vivir entre la naturaleza!.

    Claro está que para vivir hacen falta medios que en este jardín faltan, por lo que hay que vivir entre cemento y asfalto. Pero esto no quita el recordar la naturaleza, donde muchos nacimos y nos criamos hasta que llegó la emigración a las grandes ciudades, donde las flores son de plástico y el único aroma que tienen es a gasolina. A parte del aroma de las flores, también añoras las casas amplias con sus corrales llenos de corderos, cabritos y gallinas. En las ciudades la gente vive como las sardinas en lata, y apiladas en estanterías, haciendo las necesidades unos encima de otros..., ¡cuánto se recuerda el water de entre las escobas y el papel de carqueisa!.

    Por eso, nada más llegar el fin de semana o las vacaciones la gente regresa a los pueblos para poder disfrutar de la naturaleza, que en el fondo todos añoramos un poco. Claro está, que ya no se encuentran con lo que allí dejaron. Los pájaros son menos por lo que se sienten menos cánticos, menos ganado pastando por los montes por lo que no se siente el mugir ni el sonar de las campanillas. Aunque las plantas floreciendo sean las mismas, no encuentras las mismas personas que otros tiempos te habían visto crecer, y en algunas ocasiones te habían echado la bronca a cambio de alguna travesura que tú les habías hecho, y en otras te habían dado aquella recha de pan con manteca y miel que tan bien te sabía.., entonces sientes nostalgia y crees que todo ya no es primavera.

    En las ciudades también hay primavera, pero la distingues por el cambio de modelos en los escaparates, o por la llegada de las cigüeñas, aunque estas ya no respetan la primavera para regresar de su emigración. Parece que todas las épocas son buenas para volver, en esto se parecen a las personas en los fines de semana. Volver a donde nacieron.

    Y con la esperanza de que todo sea primavera pongo fin a este relato...

“..ya vuelven los pastores cañada arriba,
las montañesas ponen las faldas finas...”


Autor: Modesto González Oveja.
 


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