Cultura
 

  Memorias de un Pueblo
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Normas que se hacían respetar

    El coteiro era la persona que cuidaba para que el ganado no hiciera daño en las fincas de los vecinos. Este coteiro se hacia por turnos, cada día le tocaba a un vecino, y cuando sorprendía alguna res haciendo daño la sacaba de la finca donde estaba y se le ponía al amo una penada o prindada. La prindada consistía en un dinero que anteriormente en concejo habían acordado pagar los vecinos por los daños, y la relación de prindadas las llevaba un miembro de la junta vecinal, siendo el dinero recaudado destinado a fondos del pueblo.

    El agua de los riegos se solía poner en vecera. Normalmente se repartía por días. Según fuera la finca de grande se le asignaba el tiempo de riego, y de esta forma no tenías el trabajo de andar al quita y hecha, tanto de día como de noche...

    Hasta llegar la primavera el ganado pastaba libremente por cualquier monte, pero llegada esta fecha se hacían respetar algunas especies, sobretodo a las ovejas, las cuales solían ir para Tejedo, la Foz o la Espiluenga, y también para los Fornones.

    Los caminos se arreglaban entre los vecinos, y todos aportaban los mismos jornales, cosa que yo hoy no veo que estuviera bien pues todos no tenían los mismos bienes ni la misma cantidad de ganado. En estos caminos había que apartar vecera de carro cuando tocaba.

    Los pobres que iban a pedir o los ciegos que solían ir vendiendo coplas, al mismo tiempo que las cantaban, se alojaban por turnos en casa de los vecinos. A esto se le llamaba el palo de los pobres.

    Lo siguiente ya lo dejé dicho en otro texto, de cómo se guardaban las veceras tanto de las cabras como de las ovejas, cabritos y corderas. Creo que en alguna época también hubo vecera de cerdos, yo esto ya no lo conocí, pero sí recuerdo verlos andar por la calle.
    Hasta que no llegara el ocho de septiembre no se echaban los sementales a las cabras para que no parieran antes de febrero, pues no se por qué tenían esta norma, pero lo cierto es que la respetaban. A estos sementales los invernaban de la siguiente manera: al señor que los mantenía le dejaban a cambio días de vecera libres, y ello se decidía en subasta al que por menos días de vecera lo hiciera. Debo de aclarar que los sementales tanto de cabras como de ovejas eran de todos los que tenían ganado de esta clase.

    Entre una cooperativa de vecinos hicieron la Casa de la Lechería para desnatar la leche de sus vacas, después esta Lechería se fue cediendo a nuevos socios, a los que les cobraba un dinero por ello. La lechería funcionaba de la siguiente manera: se metía un empleado, que normalmente solía ser el que más barato lo hacía, y este empleado que era el que desnataba la leche dándole vueltas a la manivela de la máquina. Cobraba un tanto por litro de leche desnatada y también tenía que fregar tanto los cacharros como el suelo.

    Cuando existían los árbitros municipales, en concejo se subastaba este servicio. Como siempre, el que más barato lo hacía era el encargado de cobrar el consumo por los cerdos que se mataban en el pueblo, así como otros animales. También se cobraba por los licores. Aparte de los impuestos que se cobraban por kgs. o por litros para el estado, había que incrementar el sueldo del empleado.


Autor: Modesto González Oveja.
 


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