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Pueblo que me ha visto nacer,
correteando por los prados
también me ha visto crecer.
Mi pueblo encantador
del que estoy enamorado
aunque me haya costado sudor
apacentar sus ganados.
Correteando por sus montes
y desde la sierra escarpada,
yo divisaba mi pueblo
esperando en la hondonada.
Magestuoso y complaciente
siempre con los brazos abiertos
para acoger a su gente.
Habiendo llegado el progreso
tus hijos se han marchado,
y tu siempre
su regreso has esperado.
Siempre con alegría
y manteniendo la armonía,
tratabas al forastero
como si fuera del pueblo.
Siempre acogedor
si el pordiosero llegaba,
pues en el palo de los pobres
encontraba su posada.
La limosna le ofrecías,
invitándole a quedarse
en tu seno algunos días.
Eres un pueblo muy sano,
no tienes contaminación,
porque respiras el aire
que sopla del Tambarón.
Las ciudades con su ruido
y el barullo de los coches
no tienen la tranquilidad
que tu disfrutas por las noches.
Sientes cantar a la lechuza
en tu sueño tan profundo,
ya quisiéramos escuchar
los que andamos por el mundo.
De medio pueblo hacia arriba,
incluida tu iglesia
desde la montaña te mira
la Peña de Valdiglesia.
El Nevadín te quisiera ver,
orgullo de la región,
pero no lo puede hacer
por causa del Cotrichón.
Tus gentes con gran tesón
sacaban las pepitas de oro
en las minas de Rabón.
Gran tesoro allí escondido,
en las entrañas de la tierra
todavía se encuentra metido.
Con tus molinos rastreros
en el arroyo escondidos,
pues ellos molían el centeno
para dar de comer a tus hijos.
Siempre se vendía la primera
tu ganadería serrana
cuando en las ferias estaba
tan bonita y tan lozana.
Como el rocío a las flores
y la tela al fino encaje,
te dedico este romance
Salientes de mis amores.
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