Naturaleza
 
El Monte

MONTE 190.
APUNTES PARA UN PLAN INTEGRAL.


1.- El Monte

    El Monte 190 constituye uno de los espacios naturales más interesantes de la provincia de León. Entre la comarca del Bierzo, hacia donde vierten sus aguas, y las de Omaña, y Laciana, un aislamiento tan providencial como desdichado dejó su territorio fuera del desarrollo y el régimen de explotación de las comarcas vecinas, manteniéndose casi intactas la forma de vida y la economía tradicionales. Mientras la minería transformaba irreversiblemente la fisonomía de los montes lindantes y la manera de vivir de sus pueblos, este espacio permaneció y permanece prácticamente ajeno a la contaminación industrial, al servicio de una actividad agrícola y ganadera cada vez menos intensas, y hoy prácticamente testimoniales.
    La riqueza de este espacio de casi ocho mil hectáreas reside en la diversidad de su orografía, en la intensa belleza y variedad de sus paisajes, en su exquisita vegetación y en el valor de la fauna que lo puebla. Este patrimonio constituye la mejor y casi única fuente de recursos de los pueblos propietarios, que han dibujado su historia arañando, alimentando, explotando, enriqueciendo el Monte y luchando contra él, según los casos. De esa permanente relación dan cuenta los caminos que lo cosen, las praderas hurtadas a la avidez del bosque, los surcos de las presas que llevaron y trajeron el agua dónde era necesaria, los puentes sobre los ríos. Dan cuenta los chozos derrumbados y los nombres que por cientos dieron los habitantes de los pueblos a cada rincón, a cada fuente, a cada mancha de roble, para hacerlos propios y mejor identificarlos y dominarlos.
    El aprovechamiento del Monte, y consiguientemente su cuidado, fue eficiente durante siglos por el volumen de población y el modo de vida de los pueblos, que forzaban la explotación intensiva de sus recursos y simultáneamente la racionalización de esa explotación a fin de garantizar la integridad de aquéllos: la madera, la piedra, la leña, la hoja, el pasto, las plantas medicinales, el barro, la cal, la pizarra, el agua...
    La apertura de la economía, la entrada y uso crecientes de bienes, servicios y recursos externos y muy particularmente el despoblamiento sistemático y progresivo de los pueblos desahogaron la presión sobre el Monte pero también, simultáneamente, contribuyeron a su progresivo deterioro, en tanto que, perdido su sentido económico, dejó de desarrollarse el cuidado de las sendas, la limpieza y renovación de los bosques, la reparación de puentes y pasadas, las labores de mantenimiento de cabañas y chozos, o el aprovechamiento de los pastos que evitaba el crecimiento generalizado del monte bajo y la maleza. El monte se fue haciendo así más impenetrable y hostil, para las personas y los animales, menos productivo, menos diverso y en último término más vulnerable, particularmente al fuego que ha sido en los últimos años y es en el presente ya no una grave amenaza, sino una realidad periódica y devastadora.


2.- Los pueblos

    La propiedad mancomunada del Monte pertenece a Salentinos, Salientes y Valseco, pueblos que no suman en total los doscientos habitantes. El envejecimiento sostenido de esta población y su disminución progresiva constituyen el principal hándicap de desarrollo y, en algún caso, aún de simple supervivencia, a medio plazo, de los pueblos.
    La actividad agrícola y ganadera es ya residual y muy escasa; en cuanto a la minería, que ocupa a parte de la población estable de alguno de ellos, la crítica situación presente no permite basar en sus posibilidades expectativas ciertas de futuro para consolidar la población en el futuro.
    La despoblación, problema que comparte el conjunto del medio rural castellano y leonés, debe ser combatida con decisión y con el establecimiento de bases económicas que permitan su freno, más allá de voluntarismo y buenas intenciones. La emigración y la ausencia de un movimiento de retorno hacia los pueblos se debe esencialmente a la palmaria dificultad de supervivencia que este medio ofrece en el presente. Más allá del tópico de que la vida urbana atrae por su comodidad o por las posibilidades que ofrece, es obligado decir que la población abandona el medio rural o no retorna a él, más que por cualquier clase de fascinación o mito alrededor de lo que la ciudad da o promete, por la simple razón de que este medio no le permite garantías mínimas de supervivencia.
    Se han elaborado y difundido hasta la saciedad fórmulas de desarrollo alternativo para el medio rural. Sin embargo, estas fórmulas no tienen, en cada caso, correlato en medidas que permitan su desarrollo sobre bases sólidas y realistas. Muchas veces por escasez de recursos, otras, por simple desconocimiento de la realidad, por desinterés o por inadecuación al medio para el que se proponen. Ninguna alternativa que se diseñe será viable si no atiende a la realidad del medio donde se plantea; si no atiende simultáneamente a las dificultades y a las oportunidades que ese medio ofrece, e interviene simultáneamente corrigiendo unas y reforzando otras. No puede esperarse un desarrollo sostenible del turismo rural, por poner un elemental ejemplo, sin el más mínimo refuerzo simultáneo a las infraestructuras y a la dotación de servicios en la zona a intervenir; y sin abordar con rigor conservación y el cuidado de los posibles atractivos turísticos con que ésta cuenta. La necesidad de intervención de la Administración en estas tareas es particularmente necesaria por el abandono tradicional del medio, y por la consiguiente envergadura de las inversiones a promover hasta que el nivel de infraestructuras imprescindible para que la iniciativa privada arranque con mínimas posibilidades quede suficientemente garantizado, máxime si se tienen en cuenta las características del tipo medio de inversor privado en el entorno: generalmente un particular autónomo o una empresa sin asalariados, con recursos económicos limitados y fuerte dependencia de las ayudas públicas. Este tipo de empresa no solo es el más frecuente, sino también en rigor el más deseable, toda vez que la fragilidad del medio no permitiría sin resentirse proyectos económicos de envergadura y medio o alto impacto. Pero si el desarrollo respetuoso con el medio aconseja impulsar iniciativas económicas de esta dimensión y características, la atención a sus debilidades exige el apoyo constante que impida su abandono a corto o medio plazo por razones de inviabilidad.


3.- La Historia y el presente

    Junto al marco situacional descrito, de despoblación, envejecimiento y dificultad para el desarrollo de alternativas, los pueblos cuentan con un patrimonio de incalculable valor en términos naturales, históricos y culturales. Esta riqueza debe ofrecer posibilidades de futuro, y de hecho puede hacerlo, si se hace el esfuerzo de buscar fórmulas que racionalicen su aprovechamiento, su explotación en armonía con la conservación del medio y en último término el mantenimiento y enriquecimiento permanente de estos recursos en un entorno habitado. El Monte y los pueblos mantienen una simbiosis y una interacción permanentes; la vida de los pueblos se ha basado siempre en el aprovechamiento del Monte; la salud y la integridad del Monte dependen radicalmente del cuidado que los pueblos invierten en él.
    Durante siglos, los pueblos se dieron la espalda rivalizando por el control del Monte, pleiteando por sus laderas, reivindicándose linderos y recursos. El drástico cambio que en los últimos años ha experimentado la economía deja completamente fuera de lugar los argumentos de ese viejo desencuentro, y pone en evidencia la necesidad de colaborar estrechamente en la búsqueda de alternativas que permitan el mantenimiento de la actividad de los pueblos, por cuanto el mantenimiento de esa actividad constituirá la mejor y más eficaz garantía del mantenimiento de su población y de su supervivencia.
    Para ese mantenimiento será preciso aprovechar eficientemente todos los recursos existentes, la inmensa mayoría de los cuales se encuentran precisamente en el valor y la riqueza del Monte, ahora elemento de unión, atención y preocupación común de los pueblos propietarios.
    Cualquier aprovechamiento del Monte debe garantizar, del modo que las anteriores generaciones lo procuraron durante siglos, la conservación de su integridad futura, la racionalidad de su explotación y la compatibilización de las diferentes actividades posibles, de manera que todas convivan, sean compatibles y se apoyen, en su caso, unas sobre otras.
    Cuanto más rico y diverso sea el abanico de actividades a desarrollar, mayores serán las garantías de supervivencia y viabilidad futura del medio.


4.- Mirando al futuro: La necesidad de un proyecto

    Hacia un Plan Integral de Mejora del Monte 190. Sinopsis:

4.1.-Objetivos:

    Conservación y mejora permanente del Monte.
    Diseño de un modelo integral de explotación y aprovechamiento.
    Integración del desarrollo de los pueblos sobre el aprovechamiento de los recursos que el Monte posee.
    Mantenimiento y recuperación en su caso de población activa estable en los pueblos.

4.2.- Medidas:

    4.2.a) Acondicionamiento general del Monte.

- Reparación, limpieza y desbroce de caminos, sendas y senderos, recuperando la extensa red de vías que recorrían la totalidad del Monte, comunicando los pueblos entre sí, y cada uno de éstos con los valles que los rodean.
- Desbroce y limpieza de los bosques.
- Limpieza, en torno a las masas de bosque, de fajas de terreno para evitar la propagación de incendios, y facilitar en caso de que se produzcan la contención de los mismos.
- Refuerzo al crecimiento de poblaciones arbóreas autóctonas que impidan el envejecimiento y la degradación del bosque y el avance del monte bajo.
- Restauración y/o reconstrucción de los chozos y corrales en el Monte.
- Reparación y/o recuperación de las fuentes y abrevaderos tradicionales.
- Reconstrucción de los pasaderos sobre las gargantas de los ríos que comunicaban peatonalmente las cabeceras de los valles.
- Organización de siegas periódicas de las praderas para mantener su condición de espacios verdes en las faldas de los montes
- Diseño e implantación de un plan específico antiincendios para el Monte.

    4.2.b) Dotación de infraestructuras básicas de turismo rural.

- Acondicionamiento interior de los chozos y cabañas, para su utilización como refugios por pastores, montañeros o turistas.
- Diseño de rutas a través del monte, a pie, a caballo y en bicicleta de montaña.
- Preparación y conservación de espacios de acampada libre.
- Señalización de rutas, fuentes, lagunas, yeras, miradores y otros lugares de interés en el Monte.
- Dotación de infraestructuras en los pueblos para completar y reforzar la oferta turística del Monte:
    Recuperación de edificios públicos (antiguas escuelas,...) para su habilitación como albergues juveniles o lugares para encuentros de estudio o reflexión sobre cultura o arquitectura rurales, o sobre geografía, flora o fauna de la zona...
    Mejora del mobiliario urbano; intervenciones de recuperación y conservación de lavaderos, molinos tradicionales, generadores de energía eléctrica en desuso, para su recuperación colectiva y para su utilización en experiencias de enseñanza de los utillajes y formas de vida tradicionales...

    4.2.c) Acciones de acompañamiento, difusión e impulso de otras actividades económicas.

- Edición de guías y folletos de rutas en el Monte, con indicación de los puntos, lugares y recursos de interés, y adecuada difusión de las mismas, integrando este lugar en las redes de interés turístico de la Región.
- Diseño e implantación de una página web que contenga la oferta pública y privada de servicios del Monte y de los pueblos y sirva de vía de difusión añadida de los recursos y atractivos de la zona.
- Orientación, planificación e impulso de las actividades económicas privadas susceptibles de desarrollarse en el marco de la economía de los pueblos y en armonía con ella, para lo que cabría proponer:
    Estudios de viabilidad de pequeñas empresas de transformación agroalimentaria
    Estudios sobre plantas aromáticas y medicinales y sobre flores y frutos silvestres existentes en el Monte, y susceptibilidad de la explotación o cultivo de aquéllos para su tratamiento primario y distribución.
    Apoyo técnico, información y asesoramiento para potenciales microiniciativas empresariales a desarrollar en los pueblos.

- Iniciativa e impulso de actividades que contribuyan a la recuperación, la conservación y la difusión de los valores culturales y naturales de la zona:
    Organización de exposiciones fotográficas que muestren los pueblos y la riqueza del Monte
    Recuperación y preservación de los topónimos para su rescate y adecuada transmisión a las nuevas generaciones, de manera que la relación con el Monte se vea permanentemente enriquecida con la memoria de la extensa tradición de relación de los pueblos con aquél.
    Recuperación de actividades y tareas tradicionales para la memoria colectiva, aprovechando el caudal de "informantes" que aún viven en los pueblos y están en condiciones de revivir con precisión y reproducir esas labores para la conservación y reinvención permanente de su acervo.
    Edición de publicaciones sobre la memoria de los pueblos. Recopilación de leyendas y experiencias del imaginario colectivo para su preservación y proyección hacia el futuro, desde la convicción de que todo proyecto viable para la supervivencia de los pueblos pasa necesariamente por el aprovechamiento de la larga tradición sobre la que se asienta su presente.
    Organización de encuentros, conciertos y actividades que fomenten el acercamiento, el conocimiento, el respeto y la generación de lazos con la zona de visitantes del entorno y de otros lugares, y propicien la extensión del disfrute de sus valores naturales y culturales.



Plan Integral para el Monte 190. (20 de mayo de 2000)
 
El Clima La Flora La Fauna La Geología El Entorno
 


© Copyright 2001 [SALIENTES]. Reservados todos los derechos.