Turismo Rural
 

Lugares de Interés


Las viejas Escuelas.-                                                                              

Ha sido este pueblo cuna de emigrantes, especialmente hacia Argentina, de lo que queda constancia en la construcción de la Escuela.

De esta construcción han quedado para la memoria colectiva del pueblo sentimientos sólidos y vivos. Uno de ellos es sin duda, el orgullo por el espléndido resultado del trabajo, un edificio en el más genuino estilo de las construcciones escolares de la época, de gran envergadura y calidad de edificación, sin parangón en ninguna población de los alrededores, y verdadera insignia, destacadamente visible sobre el conjunto de las casas, al primer vistazo desde la lejanía por cualquiera de los caminos que conducen al pueblo.
[Escuelas de Salientes]

Consta de tres partes, la que era la vivienda de la maestra, dividida en dos alturas, en el centro, y las aulas de los alumnos a cada lado, a la derecha los niños y a la izquierda las niñas.


Los Lavaderos.-                                                                              

Salientes cuenta con dos lavaderos, ambos orientados al sur, construidos uno en cada extremo de la franja más soleada del espacio del pueblo. Uno y otro fueron exhaustivamente utilizados durante más de dos siglos, sobre todo durante los largos inviernos, cuando era absolutamente imposible lavar en las aguas del río, desbordadas sobre las orillas e insoportablemente frías. Los lavaderos se nutrían de manantiales procedentes de la falda solana del monte, estables en temperatura y caudal y de agua blanda, mucho más adecuada para el lavado de la ropa que la de la parte abeseda de los montes del otro lado del río.
La estructura de los edificios responde a la tradicional de los lavaderos de la zona, con tres lados de pared de piedra y el cuarto abierto a la luz y el sol del mediodía. Los tejados son de pizarra, a una sola agua.


En los lavaderos de Salientes se ven los dos modelos más comunes de edificio: totalmente exento en la Fuente del Campo, y apoyado sobre un muro previo o de otra construcción (en este caso el que sostiene la calle que está justo sobre el tejado) en el lavadero de la Fuente Redonda. La altura del techo varía también entre ambos edificios, alcanzando particular envergadura en el segundo de ellos.

[Lavadero de la Fuente del Campo]



Las paredes interiores son en ambos casos de piedra vista sobre la que descansa el entramado de las vigas de madera que arman el techo. Las dos vigas horizontales que atraviesan como andamios de un falso techo el recinto del lavadero de la Fuente del Campo están literalmente cosidas de inscripciones a navaja y tinta borrosa con los nombres de lavanderas, pastores y caminantes. Este reducto físico de memoria es apenas una brizna en el pajar de los recuerdos que albergan ambos edificios. No en vano los lavaderos fueron durante generaciones lugar de encuentro por antonomasia de las mujeres, que lavaban, en el orden implacable de los pozos, la ropa, la memoria, los desencantos, las penas y los sueños. No hubo con seguridad acontecimiento de la aldea que no quedara registrado en el espejo turbio del agua jabonosa, de boca de las lavanderas.
Ambos lavaderos tienen cuatro pozos de piedra, comunicados entre sí, por los que el agua pasaba sucesivamente, aclarando la ropa blanca y luego la negra, para lavar a continuación la ropa blanca y la negra después.
[Lavadero de la Fuente Redonda:
Interior y Exterior]

El respeto de este orden era sumamente importante para permitir la optimización del uso de todos los pozos simultáneamente, y su infracción daba lugar a conflictos de los que hablan innumerables historias. Estos pozos ocupan el centro del espacio con un amplio corredor empedrado alrededor.
Se trata hoy en día, por su situación y recogimiento, de edificios únicos para descansar, hablar y escuchar el rumor del agua de los manantiales que aún siguen manando desordenadamente por el suelo.


El Cementerio Civil.-                                                                              

Construido en 1918 por la colonia Salentana de Buenos Aires, pusieron interés en edificar el único cementerio civil de la zona. Prácticamente no ha sido utilizado para enterramientos, pero llama la atención por su originalidad en cuanto a tamaño y forma se refiere, además de la magnífica vista que se puede contemplar, tal vez la más completa y hermosa del valle, evolucionando con la luz y las estaciones.


La ermita de San Roque.-                                                                              

Aunque está en ruinas, se puede ver que los restos la identifican dentro del arte románico: el arco de media punta hecho en sillería (tallado de la piedra), el resto de las paredes es de mampostería, el tejado es de cuatro aguas y las tejas de tipo árabe. La piedra de la fachada es de arenisca.
La ermita de San Pelayo.-       


Al igual que la anterior, en ruinas y de arte románico, ésta tiene una sola cámara; arco de media punta, las paredes de mampostería pero la piedra no es arenisca; además de la bóveda de piedra.




Recuerdo a Baldomero González Álvarez.-                                                    

Hoy en día se ve una placa en la fachada de una vivienda que dice así:
"En esta casa nació el Eximo. S. D. Baldomero González Álvarez. Médico de S. M. El Rey D. Alfonso XIII, Senador del Reino por la R. A. de M. §§. Al que se debe Salientes su camino vecinal. El pueblo agradecido le dedica este recuerdo."
AVDA DEL DOCTOR BALDOMERO GONZALEZ ALVAREZ
1916 RDO DE SALIENTES
La Mina de Oro.-         


Su auténtico nombre es "La mina del Alubión". Se encuentra en la sierra de Rabón, donde fenicios y romanos la explotaron con avaricia hasta encontrar ricos tesoros como pepitas y arenas de oro.


[Entrada a un antiguo travesal de la Mina de Oro]



La Fábrica de Luz.-                                                                              

La Fábrica de la Luz es el primer edificio construido en Salientes con el fin de instalar una primitiva fuente de generación eléctrica. La iniciativa de la instalación fue privada y privada su explotación durante muchos años, hasta que el indiano retornado, que concibió e impulsó la obra, la cedió al pueblo para su gestión colectiva por los vecinos.
El edificio, de absoluta sencillez constructiva, interior y exterior, cuenta, entre sus principales alicientes, con una ubicación excepcional, introduciéndose prácticamente en el salto natural de agua que hace el río Salientes al entrar en el casco urbano.
La Fábrica representa para los vecinos uno de los primeros elementos "modernos" de un siglo que irreversiblemente estará asociado para siempre a la transformación y a la desfiguración definitiva de alguno de los factores más característicos del mundo rural de más de diez siglos: singularmente, el aislamiento, que la electricidad contribuirá, lenta pero irreversible y drásticamente, a romper. La luz eléctrica modificará hábitos y costumbres, incidirá en la calidad de vida del medio rural y permitirá la introducción de los primeros "artilugios" eléctricos en la cotidianeidad.

[1ª Fábrica de Luz situada al lado
del Puente "Los Molinos"]

Todos estos factores, de modo más o menos consciente, están en las palabras y en los recuerdos que se refieren a la Fábrica.

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